Hay otros peores que tú

Por María Marín

Cuenta una vieja historia que una vez, un hombre que había perdido toda su fortuna, iba caminando renegando de su suerte mientras tiraba tras él las cáscaras de los frutos que recogía de los árboles, su único alimento. Su sorpresa fue cuando se dio cuenta que lo iba siguiendo otro hombre, aún más pobre que él, pero iba contento y agradecido porque podía alimentarse de las sobras que dejaba el otro. ¡Una gran lección que deberíamos tener en cuenta!

Estoy segura de que al hombre más pobre —-que iba emanando a su alrededor vibraciones de agradecimiento— la vida eventualmente le devolvió con bendiciones su actitud… cosa que posiblemente no le sucedió al que se quejaba siempre de lo poco que tenía. Esta historia antigua la veo reproducida continuamente hoy día.

Una llamada a mi programa de radio me la recordó hace poco, cuando una oyente me llamó lamentándose de su vida porque odiaba su empleo y para colmo la paga no era buena. Escuché sus quejas sobre el empleo y luego le pregunté si había algo en su vida que estuviera funcionando y me respondió: “tengo tres hijos preciosos y sanos en la universidad, y mi marido es buenísimo”. No me pude aguantar y le dije: “¡Ay mujer de qué te quejas, muchísimas otras no tienen trabajo, los hijos son un desastre o están enfermos, y el marido hasta les pone los cuernos!”

Es increíble pero así somos: nos enfocamos en lo que no funciona, o anda mal, y no reconocemos las muchas cosas buenas, pequeñas y grandes, que nos rodean; no agradecemos nuestras bendiciones y olvidamos que hay muchos que están peor.

Te aseguro que aunque estés en un hueco, siempre hay otro que esta más hundido que tú. Es verdad, siempre a nuestro alrededor habrá algo que nos frustra, preocupa o decepciona… pero nunca faltan detalles que le dan una luz a nuestros días.

Hasta que no reconocemos la abundancia que nos rodea, no podemos recibir más bendiciones. Por eso tenemos que ser un poquito como San Francisco, que humilde y sabiamente todas las mañanas daba gracias por el sol, por la luna, las estrellas, el viento, el agua y hasta las flores.

Deja de pensar en lo que no tienes o lo que te falta y fíjate en las pequeñas bendiciones que te llegan a diario. Recuerda que siempre hay alguien que se muere por tener hasta lo que tú dejas… y lo disfruta y lo agradece más que tú.

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